viernes, 17 de junio de 2016

Dónde está el Más Allá?- Parte I


 Hola a todos! Espero tengan bellas lunas durante estos días... lamento no estar todos los días actualizando este espacio, a veces los deberes externos me llaman y termino muy cansada para escribir. Pero bueno, aquí estoy de nuevo con ustedes. 

En esta oportunidad les compartiré un artículo que encontré en esas revistas viejas que andan por mi casa, más exactamente en mi Biblioteca de consulta. 

Desde que el ser humano asumió la facultad de pensar, una pregunta le ha acompañado en el transcurso de los siglos: ¿Qué hay después de la muerte?. 

Un día muy remoto, el hombre se identificó a sí mismo, sin duda, ayudado por la superficie cristalina de algún lago. Y al tomar conciencia de su yo, tomó también conciencia de los otros yo, algunos de los cuales desaparecían , perdían lenta o repentinamente su fuerza, movimiento, sentimientos, destreza para la caza... Morían. Sin embargo, aquel hombreno debía imaginar que aquello desaparecía definitivamente; estaba demasiado integrado en la naturaleza, donde las plantas morían en otoño pero renacían en primavera, y el Sol volvía a salir cada mañana después de meterse, e incluso algunos animales de muerte no fácil de observar, como águilas, leones y osos, debieron parecerles inmortales. 


Con el hombre no pasaba igual, pues comprobó que la vida y la personalidad no eran recuperables, lo que debió llenarle perplejidad e inquietud. En consecuencia, llenó el mundo de espíritus reales; espíritus de sus muertos y demonios que explicaban todos los enigmas. Así se inventó la magia. Entre los hombres primitivos ya anidaba la suposición de que algún tipo de espíritu en forma de sombra o hálito sobrevivía a la muerte corporal. Esto lo demuestran los mausoleos de piedra taladrados con un agujero, para que el alma viajara en dirección Este, hacia donde sale el Sol. Esta costumbre se conserva hoy incluso en las viejas casas de piedra del norte de Italia, o de Provenza en Francia; tienen diminutas ventanas para el alma, sin cristal, en la estancia donde se instala la capilla ardiente para los muertos. Y durante siglos, en los caseríos vascos se abrían las ventanas o se hac{ia un agujero en el techo cuando alguien moría, con el mismo propósito. 

Pero ¿dónde estaba el Más Allá, morada de los espíritus? Para el hombre primitivo el Más Allá estaba muy cerca, en cualquier parte que le resultase misteriosa, desconocida o incomprensible; y como sus conocimientos eran muy cortos, casi todo lo que le rodeaba se encontraba más allá de su comprensión. Los espíritus y los demonios habitaban en el árbol que había caído sobre un miembro de la tribu; en el viento que había traído la devastadora tempestad de nieve; en el oso, tan potente. 

No se conformaron con asumir su existencia, sino que decidieron dominarlos y ponerlos a favor por medio de conjuros, ritos y otras prácticas. Con rituales mágicos intentaban granjearse la simpatía y la voluntad de los espíritus de las montañas, de los árboles, del agua  o de cualquier otro elemento de la naturaleza. Eso suponía una especie de intercambio entre los dos mundos, y en esos traspasos el intermediario era el chamán. 

Mediante técnicas de éxtasis realizaba viajes espirituales, vuelos mágicos al Más Allá; el vehículo era una escalera simbólica hacia el cielo, un árbol, o un simple poste, donde suelen posar los espíritus de los muertos, según su creencia. Del viaje, el chamán traía siempre la energía psíquica necesaria para mantener la vida social de las tribus. También se encargaba de hacer tolerable e incluso consoladora la idea de la muerte, pues el chamán era también una especia de aposentador del Más Allá. 
El chamán transmitía por telepatía la energía psíquica en situaciones como la caza. Los investigadores han descubierto que, cuando el hombre primitivohabía cazado una pieza, se llenaba literalmente la tripa y luego se dejaba caer en agradable sopor durante largo tiempo, y no se despertaba hasta que volvía a tener hambre. Era entonces el chamán el que les animaba a cazar: se ponía en trance y representaba una caza mágica. Esto ya lo realizaba el hombre de Neanderthal, hace unos 100.000 años. 

La transmisión de energía se hacía de forma diferente hace 30.000 años, con el hombre de Cromagnon. La causa debió ser que el conocimiento humano había dado un salto cualitativo y era capaz de la abstracción y del simbolismo. La transmisión se hacía a través de palabras (símbolos verbales) o figuras  (símbolos figurativos). Así lo demuestran las escenas de caza representadas en las cavernas de la Edad de Piedra. Antes de ir a cazar, mataban simbólicamente a los animales en una ceremonia de culto o danza religiosa. 

Hace 30.000 años, estas fecundas figuras representaban a la diosa madre.
Con el tiempo esos dibujos se hicieron más y más abstractos, al tiempo que la capacidad de abstracción iba emancipando la mente del hombre y le iba permitiendo descifrar el complejo mundo que le rodeaba, para aclarar sus enigmas e ir dibujandosu yo cada día con más nitidez. 
El psicoanalista Jung pensaba que el hombre creó esos simbolismos de manera inconsciente, soñándolos, igual que los símbolos de los sueños y mitos, que son iguales en todos los pueblos de la Tierra. Ese inconsciente colectivo generador de símbolos corresponde a los que los panteístas llamand el Espíritu Divino o al Supraconocimiento de los budistas. 
Esto lo podríamos representar de forma plástica imaginando el mundo entero como un gigantesco televisor lleno de cables que alimentan a todoslos yo, animados e inanimados, pues la materia inánimada también tiene alma. Pero los cables o canales secretos de información son invisibles, al igual que las imágenes de la pantalla. Esto no queda tan alejado del hombre de la Edad de Piedra que asignaba un alma en forma de espíritu a los animales, árboles o montañas. 

Si el hombre Neanderthal había colocado el Más Allá en todos estos sitios, el más evolucionado de Cromagnon lo colocó bajo la cubierta del cielo, que él imaginó como un casquete sólido. La suprema madre Tierra, capaz de alimentar, proteger y castigar a sus criaturas, no era ya un espíritu si no una divinidad invisible que abarcaba todo, tierra y aire. 

Según iba aumentando el conocimiento del hombre, se iban despojando de misterio muchas fuerzas de la naturaleza e iban cayendo enigmas que sólo podían explicarse antes a través de los espíritus. Así que el Más Allá se fue alejando hasta colocar a espíritus y dioses en el universo. Babilonios, asirios y egipcios levantaron templos y pirámides para estar más cerca de ellos y recibir mejor la creatividad divina. Astros y estrellas sustituyeron a la madre Tierra. 

Para los egipcios el alma de los seres vivos procedía de la fuerza cósmica; el alma o Ba no moría, iba y venía del universo eterno. No hay que confundir el Ba con el Ka, una fuerza espíritual también inmortal que comprendía los pensamientos que nacen en el cerebro y todo lo que hacemos conscientemente. El Ka debía permanecer en la Tierra, pero manteniendo la unión con Ba por toda la eternidad. En las pirámides de los faraones había una cámara para el Ka; así el alma viajaba de una a otra y transmitía la energía cósmica. 

Los antiguos egipcios alcanzaron un nivel asombroso de conocimientos matemáticos y cósmicos, inimaginables sin los modernos telescopios y otros medios técnicos auxiliares. Faraones, sacerdotes y magos eran también científicos, y experimentaban con las ciencias naturales en una época en que ciencia, magia, religión y arte no estaban diferenciados. Debió llegar un momento en que los egipcios descubrieron que sus dioses-astros eran planetas como la Tierra. Por lo tanto, eran también terrenales, no del Más Allá. 

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Los filósofos griegos dieron aún un salto más espectacular en su conocimiento. Descubrieron el logos, el pensamiento racional y lógico, y se preguntaron: ¿Por qué el saber tiene que ser un don de los dioses? Tenemos un cerebro para calcular que uno mas uno son dos. 
El pensamiento lógico trajo también como consecuencia el descubrimiento de que los sentidos humanos nos engañan. Solo podemos captar con ellos un trozo diminuto del mundo exterior, y esa vivencia experimental no es, con toda probabilidad, una imagen objetiva del mundo. Por ejemplo, cuando vemos una película, lo que nos parecen figuras en movimiento no son más que imágenes estáticas proyectadas a razón de veintricuatro por segundo, para una película cómica, pero si proyectamos cincuenta imágenes del movimiento en un segundo , lo que vemos resulta borroso. Esto nos da fusión del hombre.  Pero eso no significa que todos los seres vivientes estén dotados del mismo factor, ni que la realidad objetiva tenga que ser detectada con esta frecuencia. Imaginemos, por ejemplo, qué imágenes tan diferentes puede tener un extraterrestre con una frecuencia crítica de fusión de un año terrestre ( para él un segundo sería tan largo como para nosotros un año): vería la Tierra muy movida y como un cilindro que girase alrededor del Sol. 

Entonces, apenas si puede hablarse de una reproducción del mundo real; nosotros sólo percibimos una diminuta fracción del mundo. La teoría de universos de diferentes dimensiones insertados unos en otros no es ya ninguna fantasía. 

Revista Muy Interesante 1985

Bueno hasta aquí dejo la primera parte de este articulo. En el próximo lo culminaré y daré mi opinión al respecto. Nos vemos pronto! Hasta el próximo post. 

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