viernes, 29 de abril de 2016

Abracadabra, mito y realidad de la brujería

Buenas Lunas para todos! quiero compartirles en esta oportunidad un artículo que encontré acerca del mito y de la realidad de la brujería. Inicio con lo siguiente: "Hay quienes creen ciegamente en ellas y quienes las considera producto de la imaginación popular. La de las brujas es una tortuosa historia, tejida de realidad y ficción, que nació en tiempos ancestrales y sigue su camino hasta nuestros días". 



Durante los siglos XII y XIII, el concepto de brujería se equiparó con el de hechicería debido principalmente a las tradiciones cristianas vigentes. Hasta ese momento su práctica no se castigaba con la muerte, siempre y cuando ésta no derivara en un daño concreto. En el siglo XIV las cosas cambiaron y el uso del término se extendió al de herejía que se entendía como la traición a Dios y que podía definirse como el rechazo constante de un dogma o la rígida adhesión a una secta cuyas doctrinas han sido condenadas por la Iglesia por ser contrarias a la fe. Tal hecho fue el responsable "legal" del asesinato de miles de personas en Europa durante esa época. 


Francisco de Goya, "El Aquelarre".

A pesar de que en muchas partes del mundo la brujería se practicó y se castigó, el concepto no llegó a generalizarse debido a su carácter eminentemente cristiano, que le dio patente de corso a la Inquisición contra todas aquellas personas sobre las que se tuviera siquiera una sombra de duda con respecto de sus actividades. 

El Papa Juan XXII confirió a la santa institución, el control absoluto sobre todas las modalidades de hechicería, aunque fue otro Papa, Nicolás V, junto con el inquisidor de Francia, Hughes Lenoir, quienes publicaron el "Malleus Maleficarum", considerado el primer manual que codificó la brujería como una herejía y que incluyó, además, términos como pacto, aquelarre y vuelo nocturno. 

En Europa, durante ese tiempo, toda persona era una bruja o un hereje en potencia y por consiguiente una posible fuente de ingresos para la Inquisición, que compartía con las autoridades civiles los bienes que confiscaban a los condenados. 




La imagen popular que se tenía de la bruja como encarnación del mal, era la de una mujer vieja, coja, de ojos nublados, pálida, sucia y llena de arrugas. Como la gran mayoría de acusadas de brujería fueron mujeres, tal fue la idea que prevaleció, incluso en los cuentos infantiles. La fealdad, pues, se llegó a considerar indicio de tal condición. 
Igual ocurría con los hijos de las acusadas: "la infección de la brujería suele transmitirse de los padres pecadores a los hijos, mediante una especie de contagio, cuando aquellas o aquellos intentan procurarse los favores de sus demonios..." se argumentaba en los diferentes procesos que se llevaron a cabo. Otras ideas en torno de esos personajes eran las de mujeres engañadas y persuadidas por el diablo, quien las obligaba a firmar un pacto mediante el cual se podía realizar cualquier acto de maldad, como agitar los aires con rayos y centellas, provocar tempestades, ser transportadas por su demonio familiar que adoptaba formas de cabras, cerdos, terneros, y otros animales. Se decía, además, que la bruja había olvidado el Padre Nuestro, pero a cambio tenía una lengua bien afilada. Es claro, entonces, que se tenía la creencia de que en cada uno de los actos de las brujas, estaba presente el diablo, en oposición de Dios. 



A partir del año 1400, la Inquisición arremetió contras las brujas e incluso ayudó a extender la idea de que ellas constituían un grupo o secta organizada, a la que fue muy fácil atribuirle reuniones y ritos extraños. Uno de ellos fue conocido como aquelarre que se explicaba como una reunión de brujas y demonios en la que se llegaba al punto máximo de satanismo mediante la parodia blasfema de ritos cristianos, orgías interminables y planes para subvertir el orden establecido, que debía entenderse como el nudo indesatable de la Iglesia con el Estado. 
También surgió el término sabbat, que muchos equiparaban con aquelarre, mientras que otros pensaban que era una palabra hebrea que servía para designar el séptimo día y que fue atribuida a las actividades de las brujas, por hostilidad hacia los judíos. 

Fue tanta la confusión semántica, que los teólogos e ideólogos de la Inquisición no dejaron pasar por alto tal oportunidad y le atribuyeron a las brujas, actos que tiempo atrás llevaron a la hoguera a cátaros, valdenses, albigenses, y búlgaros. A tanto llegó la paranoia de la persecución, que fiestas sagradas para algunos pueblos perdieron ese carácter y, por obra y gracia de la Inquisición, pasaron  a ser simples celebraciones de aquelarres: el 31 de Octubre y el 30 de abril, festivo celtas y los galos, la fiesta invernal del 2 de febrero, la primaveral, la estival del 1 de agosto y la otoñal del 21 de diciembre, fechas en las que los pueblos paganos de Europa celebraban el paso de una estación a otra. 

En 1597, gracias a la publicación de un decreto del rey Jaime, se desencadenó en Aberdeen, Escocia, una cacería de brujas que desembocó en la ejecución de 24 personas, a las que se acusaba de bailar con el diablo alrededor de la cruz, emplear la ligadura para incitar a los hombres casados a ser infieles, agriar la leche y embrujar animales. Allí se conoció una práctica, que aún hoy se utiliza en la China: las familias de los sentenciados debían correr con todos los gastos que la ejecución demandaba. Así durante esa época, los padres y hermanos cancelaban la suma de once chelines y diez libras por concepto de los barriles de alquitrán y los honorarios del verdugo. 




En Francia, la situación no variaba mucho. Casi 150 años atrás se encendían las fogatas con brujas. En Arras, y teniendo como base acusaciones anteriores hechas en contra de los valdenses, la Inquisición inició procesos que derivaron en condenas a muerte por cargos como adoración al demonio, vuelos nocturnos y pisoteo de la cruz. 
En Inglaterra, el primer proceso por brujería fue durante el reinado de Isabel I en 1566, y fue conocido como el de "Las brujas de Chelmsford". No había, al contrario de otros, acusaciones por pactos con el diablo, ni por celebración de aquelarres, sino que más bien las acusaciones se encaminaban a la existencia de demonios familiares y a la abundancia de actos simples de maleficio. Sin embargo, el juicio más conocido fue tal vez el de las brujas de Lancashire, donde murieron mñas de veinte personas, acusadas de volar y adoptar diferentes formas de animales para celebrar sus aquelarres. Otros, como el de las brujas de Warboys, tuvo como principal característica la lucha de clases. En efecto, algunas niñas pertenecientes a familias distinguidas de Warboys, se dedicaron a imitar la epilepsia de una de ellas y acusaron a una humilde anciana de ser la causante de tan terribles convulsiones. Fue tanta la maldad de las niñas que, tiempo después, la mujer, hastiada con tanto acoso, las conminó a no molestarla más, a lo que las infantas, asustadas, obedecieron. Sin embargo, ese fue, precisa y paradójicamente, el motivo que exhibieron sus acusadores para demostrar cómo la anciana tenía un gran poder. Por tal causa fue incinerada junto con su hija a la que el jurado le ofreció el indulto a cambio de una confesión firmada de que había sido poseída por el demonio. La joven se negó ante tal pretensión diciendo: "No, podrán decir que soy bruja, pero nunca una puta". 



En América le proceso más recordado fue el de las brujas de Salem, en Massachusetts. Todo lo referente a brujas y demonios llegó a los Estados Unidos con los primeros colonizadores ingleses. En casa del reverendo Samuel Parris se reunía un grupo de jóvenes a escuchar historias que contaba Tituba , la esclava del reverendo. Una hija y una sobrina de Parris se dejaron impresionar de tal modo que empezaron a sufrir ataques de histeria y a dar muestras de insubordinación y desobediencia a los mayores. Su ejemplo cundió entre las demás niñas del pueblo y ante la extrañeza de los padres por ese comportamiento, conciencia, a los maleficios de las personas que mas antipatía les causaban en el pueblo. Así, lo que comenzó como una mala broma, terminó con la muerte de muchas personas inocentes. 

A partir de allí, las brujas también entraron en la carrera loca de la modernización. No podían quedarse atrás de los procesos de desarrollo que se daban en el mundo y a medida que éste se movía, ellas adoptaban nuevas formas y costumbres. 

Este texto fue completamente tomado de la Revista Muy interesante del año de 1985. Quería transcribirlo para compartírselos. 

Nos veremos en el próximo post!