viernes, 15 de abril de 2016

Acerca de la Peste Negra: Primera Parte

La peste más peligrosa que ha existido en el planeta tierra. La peste Bubónica, la muerte negra. Siglo XIV. 1346-1361

Buenas Lunas! espero todos se encuentren de excelente salud y de un bienestar increíble porque este artículo de hoy es acerca de la salud humana y de cómo la muerte fue la principal protagonista en esta macabra historia. Todo gracias a una pulga de aquella Edad Media, que fue tan oscura como sus protagonistas. Por qué les pregunto si están bien de salud? bueno es para soltar un poco de ironía al escribir estas letras, ya que para mí esa frase de "Tiempo pasado fue mejor" mmm... deja mucho que pensar. Eso sí aclaro antes de entrar en materia que sin la Edad Media no hubiera existido muchas cosas que los góticos morimos por, o nos encantan. Pero esto del aseo personal, no lo envidio de a mucho en aquella época. Está bien, sin más preámbulos me dispondré a escribir y a contarles esta historia. 




"Nacianles a las hembras y varones en las ingles o en los sobacos, unas hinchazones que a veces alcanzaban a ser como una manzana común. Daba la gente ordinaria a estos bultos el nombre de bubas. En poco tiempo, las mortíferas inflamaciones empezaron aparecer indistintamente en todas las partes del cuerpo, y después los síntomas de la enfermedad se trocaron los muslos y cualquier parte del cuerpo, ora grandes y espaciadas, apretadas y pequeñas. Y así como la buba era, y seguía siendo, signo certísimo de futura muerte, éranlo también estas manchas".  Giovanni Bocaccio. 

De esta forma describe este autor en sus páginas del libro El Decamerón, los síntomas de la terrible epidemia que se abatió sobre Florencia en el año de 1348. Era aquella una época que estaba aún muy lejos de los adelantos médicos de hoy en día, y tanto los signos espectaculares con los que se manifiesta la infección como el inusitado número de víctimas mortales constituían un misterio absoluto. La muerte se convirtió en dueña y señora de la ciudad. 


El año 1348 será recordado como una de las fechas más trágicas de la historia: marca la expansión fulminante de la epidemia por toda Europa, pues en ese mismo año se extendía de Oriente a Occidente. Los muertos se contaban por millares. Debido a las manchas oscuras que aparecían en el cuerpo de las víctimas, la gente, que veía impotente cómo familiares y amigos sucumbían bajo el azote epidémico, la denominó Peste Negra

Durante la Baja Edad Media, se llevaron a cabo varios avances en todos los terrenos. No sólo se aplicaron técnicas innovadoras en el cultivo de los campos, sino que el comercio, las artes y la arquitectura conocieron un auge anteriormente inimaginable. Pero, cerca ya del año 1348, los avances conseguidos comenzaron a manifestar sus límites. Así, los cultivos realizados bajo las nuevas técnicas  ya no daban los resultados de épocas anteriores y, debido a las cada vez peores cosechas, la gente del campo tuvo que emigrar a las ciudades: la estampa de los pueblos fantasma se multiplicó por doquier. 


Las familias en las ciudades, se arracimaban en viviendas minúsculas donde los cristales de las ventanas  -un lujo inalcanzable- era sustituidos por papel aceitado y donde había más ratas y pulgas que muebles; en el campo, las personas dormían junto a los animales. La misma pobreza obligaba a las personas a tener un vestuario escasísimo, refugio de chinches y otros parásitos. La falta de higiene se estaba generalizando, y aún se agravaba más por el hecho de que en las ciudades, donde la peste atacó con mayor virulencia, no existía nada parecido a un servicio de recogida de basuras. 
Aquel mundo constituía un verdadero caldo de cultivo para que se propagarán las enfermedades. También sujeto a todo esto, Europa estaba sufriendo de un descenso en las temperaturas, una fuerte ola de frío y lluvia la invadió. La ola invernal y el clima húmedo llegaron a producir tantas gripes y catarros que hasta se dio el caso frecuente de que, durante las celebraciones religiosas, las múltiples toses y estornudos de los asistentes no dejaban escuchar el sermón del predicador. Pero muchas de esas toses no provenían de un simple enfermo de gripe, si no de un apestado que ofrecía síntomas notorios de las bubas, o las manchas oscuras. 

En efecto, la enfermedad, tras un período de información o incubación que se manifiesta mediante fiebres elevadas, sed, nauseas, sensación de agotamiento y angustia, puede derivar después hacia tres formas distintas. La primera de ellas, y también la más espectacular en su sintomatología, es la peste bubónica en la ingle, en la axila o en el cuello aparece un abultamiento dolorisísimo producido por la inflamación de un ganglio linfático. La segunda es la peste pulmonar,  la infección ataca directamente al aparato respiratorio, el inhalar partículas de aire con el bacilo; se manifiesta mediante fiebres altas, ahogos repentinos y esputos sanguinolentos. 

La tercera variedad de la peste, que es también la peor de todas, se produce por la diseminación del bacilo desde los bubones o el pulmón. Se trata de la peste septicémica y, una vez instaurada en el cuerpo, comienzan a manifestarse en toda la piel las características manchas negro azuladas debidas a múltiples hemorragias cutáneas que dieron nombre a la Peste Negra. El enfermo, tras poco días de constantes desmayos y dolores insufribles, acababa muriendo.  Entre los fallecidos, hubo incluso reyes y reinas, como fue el caso del monarca castellano Alfonso XI (1311-1350). Los efectos devastadores de la epidemia interrumpieron también el normal funcionamiento de las ciudades; ya que la muerte diezmó a funcionarios, notarios, panaderos, artesanos, etc... 

La peste afectó incluso al desarrollo de las actividades bélicas; ya que la epidemia se extendía de manera fulminante por los campamentos militares, diezmaba también a los ejércitos. En la llamada Guerra de los Cien Años, que sostenían ingleses y franceses, no les quedó más opción a los contendientes que firmar una tregua, pues la epidemia dejó ambos ejércitos sin suficientes efectivos. 

Lo cierto es que en los años de la Peste Negra se produjo un descenso demográfico de proporciones verdaderamente inauditas; ya que según los cálculos aproximativos, la población medieval europea, que en vísperas de la gran epidemia oscilaría entre los 73 y los 85 millones de habitantes, habría disminuido a 51 millones en el año 1350. Eso sí, las secuelas de las catástrofes aún proseguían en las siguientes décadas, pues en el año 1400 la población europea tan sólo contaba con 45 millones de individuos. 

Siendo ésta, la primera parte de la historia de la Peste Negra. Los dejo por ahora y nos vemos en el siguiente artículo, que será la continuación de esta enfermiza historia. 

Bibliografía: Revista Muy Interesante No.51. año 1985